¿Cómo usamos nuestra información para proyectar?

Registrar nuestros movimientos no sólo sirve para tener información sobre cómo vivimos, sino que también es útil para proyectar nuestras finanzas a lo largo del año, donde convive lo frecuente con lo extraordinario. De esa manera podemos tener una panorámica amplia que nos ayude a entender la restricción que nos plantean nuestros ingresos proyectados para todo el año con los gastos que estimamos tener todo el año, que son la suma de 12 meses de llevar un patrón que define nuestro estilo de vida (cuánto gastamos en vivienda, en viáticos, en alimentos, en salidas, etc) combinados con los gastos que pueden suceder una o más veces dentro de un año (compra de ropa, de electrodomésticos, vacaciones, tratamientos médicos o de belleza, regalos de Navidad, etc). Incluso podemos reflexionar respecto a si nos interesa tener un nivel de vida más modesto a lo largo de los meses pero una vez al año tener buenas vacaciones o comprarnos ropa de mejor calidad o al revés, comer lo que nos gusta todos los días y salir los fines de semana sin preocuparnos tanto por lo que gastamos y resignarnos con unas vacaciones más modestas o no comprar la ropa de moda.


Proyectar es la base de presupuestar, que es lo que nos permite confirmar si la forma en la que vivimos es equilibrada o no, y si los objetivos que queremos alcanzar son coherentes con nuestro nivel de vida. Así como a fin de año solemos hacer un balance y nuevas promesas, es un buen momento para hacer un presupuesto para encarar las finanzas del año que comienza. Si presupuestamos ingresos del año menores a los gastos, eso nos anticipa que o vamos a desahorrar o vamos a endeudarnos. Por ejemplo, si estimamos ingresos por $ 180.000 para todo el año y gastos por $ 210.000 entre frecuentes y extraordinarios, vamos a estar desahorrando o pidiendo prestado $ 180.000 - $ 210.000 = $ 30.000.


Si no queremos que eso suceda, deberíamos pensar cómo obtener más ingresos o cómo reducir los gastos. Si sabemos cuánto gastamos por rubro, es más fácil identificar dónde hacer el esfuerzo. Siguiendo el ejemplo, intentar ganar $ 30.000 o reducir gastos por $ 30.000. Si sabemos que en salidas gastamos $ 2.000 por mes y podemos reducirlo a la mitad, al gastar $ 1.000 menos todos los meses, en un año tendremos $ 12.000 menos de gastos, y achicamos en $ 30.000 - $ 12.000 = $ 18.000 la diferencia.


Si presupuestamos ingresos que igualan a los gastos, nos muestra una situación en equilibrio. Pero hasta cierto punto, porque si nos proponemos ahorrar. Siguiendo el ejemplo, si nos proponemos bajar los gastos a $ 190.000 y mejorar los ingresos a $ 210.000, eso nos permitiría ahorrar por año $ 210.000 - $ 190.000 = $ 20.000.


Sólo si proyectamos ingresos superiores a nuestros gastos podemos esperar ahorrar, siempre y cuando nuestra conducta a lo largo del año esté en línea con lo proyectado. En la medida en que nos desviemos del presupuesto por los motivos que fueren, vamos a terminar lejos del objetivo que nos propusimos.