La inflación

El valor del dinero se mide en función de lo que podemos obtener a cambio de él. Esa relación está definida por los precios. Si los precios suben a lo largo de un mes o de un año, podemos comprar menos cosas con la misma cantidad de dinero que al principio de ese período. Esa es la verificación concreta de la pérdida del valor: que no alcanza para lo mismo que antes. Si con $ 100 vamos al supermercado y el sachet de leche está $ 20, podemos comprar 100 / 20 = 5 sachets. Si un año más tarde el sachet de leche aumentó a $ 25, con $ 100 podemos comprar 100 / 25 = 4 sachets. Los $ 100 valen menos.


La inflación no es una suba de precios esporádica, sino una suba de precios sostenida en el tiempo. Eso hace que se convierta en un dato a la hora de que los trabajadores negocien aumentos de sueldos y al mismo tiempo que las empresas determinen cuánto aumentar sus precios si vienen aumentando sus costos. La inflación pasada alimenta las expectativas de la inflación futura, con lo cual el proceso puede retroalimentarse y desembocar en una hiperinflación si el Banco Central no lo controla.


El Instituto Nacional de Estadísticas (INDEC) mide con un cálculo que da como resultado el Indice de Precios al Consumidor (IPC). El cambio en el valor del índice nos muestra cuánto suben los precios en promedio. En la mayoría de los países, el aumento de precios anual no supera el 3-5% promedio por año. Una suba superior al 10% es preocupante.


De la mano de la inflación suele aparecer otro problema relacionado con los precios relativos. Esto sucede cuando cambia la relación entre los precios de diferentes bienes y algunos aumentan menos que otros y quedan atrasados. Por ejemplo el valor de los alfajores, de los salarios y de los alquileres puede subir mucho más que el de la carne o la energía eléctrica, haciéndola relativamente más barata. Cuando eso pasa con algunos bienes o servicios fundamentales para la economía, pueden surgir crisis de desabastecimiento o cortes de suministro en los bienes y servicios que quedaron demasiado baratos con respecto al resto y no son económicamente viables porque cuesta más producirlos que el precio que se paga por ellos.