¿Qué es el crédito?

Si bien lo lógico es que gastemos el dinero que tenemos como fruto de nuestros ingresos, es posible acceder a dinero que todavía no ganamos. El crédito es el mecanismo a través del cual las personas se transfieren de forma transitoria una capacidad económica: los que tienen dinero y no quieren gastarlo pueden prestárselo a quienes quieran gastarlo y no tengan todo el que necesitan. Este mecanismo nos permite acceder a bienes y servicios que sólo podríamos obtener luego de ahorrar durante varios meses o incluso años, como electrodomésticos, vehículos, entre otros.


Ahora, pedir prestado no es gratis. Cuando nos adelantan dinero, nos estamos comprometiendo a devolverlo. La palabra crédito justamente viene de creer, implica cierta confianza en nuestra capacidad de cumplir con la promesa de devolver eso que nos prestaron. Para quien toma el crédito, ese dinero es deuda y para el que lo presta, son ahorros que se convirtieron en un capital para prestar a otros. Al mismo tiempo, vamos a tener que sumarle un monto extra. ¿Por qué? Porque el valor del dinero se modifica en el tiempo, por dos motivos fundamentales:

 

  • Los precios suben y el dinero pierde valor
  • Existe un costo de oportunidad entre disfrutar del dinero hoy o esperar a juntar el dinero a lo largo del tiempo


De lo primero podemos hacernos una idea de que cuando devolvamos el capital, si el dinero no vale lo mismo, el que lo presta no estaría haciendo un buen negocio, porque el dinero que le devuelven vale menos. De lo segundo, podemos sacar en limpio que hay que pagar una suerte de “multa” por no poder esperar el tiempo necesario para conseguir el dinero y querer usarlo hoy.


Es fácil de ejemplificar con cualquier cosa que quisieras disfrutar hoy, para la que no tenemos el dinero disponible pero suponemos que lo vamos a tener más adelante. Si un ciclomotor nuevo sale $ 16.000 y nos ofrecen pagarlo en 24 cuotas de $ 1.000, vamos a terminar pagando $ 24.000 durante 2 años. Es decir $ 8.000 extra por no tener el dinero hoy pero comprometernos a devolverlo durante 24 meses. Si lo pensamos así, tiene sentido pagar un extra a tener que esperar varios meses hasta reunir los $ 18.000. El problema es decidir cuánto nos parece razonable y si vale la pena la espera.


Pero para quién presta… ¿Cuál es el incentivo? Eso mismo que es una “multa” para el que no puede esperar, es un “premio” para el que sí puede o prefiere postergar la posibilidad de gastar su dinero hoy y disfrutarlo más adelante. El que ahorra puede obtener un extra por su dinero y hacer crecer su capital prestándolo al que se endeuda. Ese extra que está en juego de los dos lados es el interés. En general lo vamos a ver expresado como un porcentaje en relación al capital prestado o invertido.


En el ejemplo, un interés de $ 8.000 sobre un capital de $ 16.000 equivale a $ 8.000 / $ 16.000 x 100 = 50% en 2 años.


Las tasas de interés normalmente se pautan en términos anuales, aunque los préstamos duren 6 meses o varios años. Sin embargo, al igual que todo lo que sucede en sociedad, los préstamos están integrados a un mercado de dinero, donde vamos a encontrar gente que demande dinero que no tiene y quiere, por el que está dispuesto a pagar un extra; y gente que ofrezca dinero que tiene y no quiere gastar, por el que le interesaría cobrar un extra. Si bien hay personas y negocios que prestan su dinero de forma a otros, este proceso de mercado de dinero está intermediado mayoritariamente por el sistema financiero, bancario.


Los que tengan ahorros pueden dejarlos depositados en el banco a un plazo determinado y de esta forma le prestan su dinero al banco a cambio de un interés. Y los que quieran dinero prestado pueden ir al banco y pedirlo, comprometiéndose a devolverlo con un interés adicional. La tasa que los bancos le pagan a los ahorristas es la tasa pasiva. La tasa que le cobran a los deudores es la tasa activa. La tasa activa es más alta que la tasa pasiva y es entonces la remuneración que cobran por intermediar entre ahorristas y deudores.


En el sistema financiero conviven diferentes entidades bancarias. Por un lado están los bancos privados, que son propiedad de personas o de empresas, nacionales como el Banco Galicia, Banco Macro o Banco Supervielle, o extranjeras autorizadas a operar en el país como el Santander Río o el BBVA Francés. Por el otro están los bancos públicos, que pertenecen a provincias como el Banco de la Provincia de Buenos Aires o el Banco de la Ciudad de Buenos Aires o que pertenecen al país, como el Banco Nación. La característica principal de un banco es que está autorizado a tomar depósitos de otras personas y empresas, y luego prestar ese dinero para hacer su negocio de intermediación. Todos funcionan bajo la regulación del Banco Central de la República Argentina, que es la autoridad monetaria que vela por la solidez financiera.