La tarjeta de crédito

Lo primero que tenemos que proponernos para un uso responsable de la tarjeta de crédito es evitar realizar únicamente el pago mínimo del resumen. Aunque sea posible pagar una porción del mismo, no es una decisión inteligente. ¿Por qué? Porque si bien podemos pagar una parte de lo que debemos y el resto dejarlo para más adelante, a la deuda que queda pendiente se le sumarán intereses. Si en el resumen acumulamos gastos por $ 10.000 y pagamos sólo $ 2.500, por el saldo de $ 7.500 se sumarán intereses que aumentarán mes a mes la deuda. Y si todos los meses seguimos sumando consumos y pagando el mínimo, vamos a tener una deuda insostenible, generando un efecto bola de nieve.

 

Para evitar que se acumule un monto difícil de pagar en su totalidad y tengamos que recurrir al pago mínimo, es esencial planificar bien el uso de las cuotas. Es donde perdemos noción de cuánto nos estamos endeudando. Muchas veces elegimos pagar en muchas cuotas chicas porque de esa forma intuimos que el gasto “se siente menos” o nos permite realizar varias compras en simultáneo sin tener que esperar. Pero el problema es que si mes a mes no mantenemos nuestros consumos en un nivel manejable, se van a apilar las cuotas y, por más chicas que sean, pueden sumar mucho dinero, incluso más del que podemos pagar.

 

Es primordial clasificar el tipo de gasto al que estoy financiando. Si es un gasto habitual o recurrente, la recomendación saludable es no financiarlo porque estaré comprometiendo futuros periodos. En cambio, cuando afrontamos gastos extraordinarios o no recurrentes (ej. una reposición de una heladera), es prudente tomar una deuda ya que permite afrontar un gasto mayor pero sabiendo que fue un consumo eventual y no se repetirá en los siguientes periodos de pago. Por eso es importante no sólo conocer el límite de crédito, si no nuestros propios límites de lo que podemos gastar. Sobre todo si tenemos varias tarjetas y las usamos sin demasiado control. 


Las tarjetas de crédito son una gran herramienta para hacer rendir nuestro presupuesto, si estamos atentos a promociones, descuentos, canjes de puntos o millas para pasajes de avión. Podemos terminar pagando mucho menos en nafta, en ropa, regalos o vacaciones. La clave es ser ordenado y planificar nuestros consumos.