¿Cómo se compra un vehículo particular?

La movilidad propia está muy asociada a la independencia. Si vivimos en lugares alejados y con poco transporte público tener auto o moto se convierte en una necesidad. A la hora de elegir el vehículo que mejor se adapte a nuestras necesidades deberíamos evaluar el dinero del que disponemos, la seguridad vial de los recorridos habituales que pensamos hacer, la practicidad de uso los días de lluvia, la necesidad de trasladarnos con cargas pesadas y las distancias promedio que tenemos que cubrir a diario. Todas estas cuestiones nos servirán para ponderar qué tipo de vehículo queremos o necesitamos. Además, debemos elegir entre comprar un vehículo usado o uno 0 km. Para eso hay que prestar atención a otros criterios adicionales.


El primer punto está relacionado con el valor del vehículo. Al salir de fábrica los vehículos nuevos suelen tener una garantía que nos da cierta tranquilidad y que al no haber sido usados, podemos esperar que funcionen perfectamente. Pero si bien no es frecuente pensar la posibilidad de comprar un 0 km y venderlo al poco tiempo, un vehículo nuevo, apenas sale del concesionario, pierde entre el 10% y el 15% del valor que pagamos. Este dato nos da la pauta de por qué comprar un auto o una moto 0 km no es una inversión. Los vehículos pierden de valor no sólo con el uso, si no con el simple paso del tiempo. Desde ya que si estamos adquiriendo un vehículo para generar ingresos brindando servicios de transporte de pasajeros, mensajería o delivery entonces sí podemos pensarlo como una inversión. Pero si compramos un vehículo porque nos permite acceder a un mejor nivel de vida, lo que estamos haciendo es usar un capital que pierde valor todos los años y que, además, podría estar generándonos un ingreso financiero. Esto quiere decir que ser dueños de un vehículo nuevo nos genera un gasto por amortización del valor que pagamos por comprarlo (año a año el vehículo vale menos y en el límite tendrá un “valor residual”). Y al mismo tiempo tiene un costo de oportunidad: ese dinero en vez de estar “hundido” en un auto o una moto, podríamos invertirlo.


Si bien este razonamiento aplica también para un vehículo usado, el monto que tenemos que desembolsar es menor. ¿Dónde está el riesgo? En el deterioro que viene de la mano del uso y el paso del tiempo. Tenemos mayores probabilidades de que tenga algún desperfecto o que lo haya tenido y que el dueño anterior no lo mencione cuando nos lo vendió y haya que gastar en repararlo.


La compra de un vehículo no necesariamente tiene que hacerse en efectivo luego de ahorrar hasta conseguir el dinero. Es posible solicitar un crédito prendario a través de nuestro banco o de la concesionaria, que tendrá un acuerdo con algún banco. La modalidad del crédito prendario equivale a recibir un adelanto de dinero que vamos a tener que devolver con intereses, por la parte del valor del auto o la moto, que no tenemos ahorrada. Si dejamos de pagar, se ejecuta la prenda, que es la garantía por el valor del auto o la moto, que permite saldar la deuda (y si sobra algo, nos dan lo que queda). Es posible comprar un vehículo usado a una concesionaria con esta modalidad. Normalmente se consigue financiar el 80% del valor del auto o la moto, aunque en algunos casos es posible obtener un préstamo por el total si se trata de un 0 km. 

En la mayoría de los casos en los que interviene un crédito prendario no podemos elegir la compañía que va a asegurar el auto y nos obligan a estar cubiertos por la compañía con la que el banco o la concesionaria tienen acuerdo y el valor de la póliza del seguro lo tenemos que aceptar sí o sí.

 

Algunos bancos ofrecen la posibilidad de sacar un crédito UVA para financiar la compra de vehículos. En ese caso a pesar de que la tasa de interés resulte más baja, el valor de la deuda va a estar ajustándose por la inflación, por lo que hay que contemplar si nuestros ingresos también tendrán ese ritmo de subas. A diferencia de un crédito hipotecario UVA, donde evaluamos “alquiler vs. cuota de crédito”, en la compra de un vehículo la alternativa es “costo de transporte público/comodidad vs. cuota de crédito”. Si bien el transporte público aumenta, el impacto no es al mismo nivel que la cuota de un crédito.


Existen alternativas para comprar autos o motos como “los planes de ahorro”. Funcionan como un sistema de cuotas que permite financiar durante 7 años la compra de un vehículo. La diferencia con un préstamo prendario es que el plan se organiza como un concurso grupal entre un montón de ahorristas coordinados por la empresa que administra el plan. Los que participan tienen que poner el dinero de una cuota todos los meses, pero tienen la posibilidad de licitar o salir sorteados. La licitación es el pago de más dinero que el que corresponde pagar ese mes por la cuota. Ese mes el miembro del grupo de ahorristas que puso más dinero recibe la adjudicación del vehículo y a partir de ese momento lo puede retirar. El sorteo funciona de manera similar, la diferencia es que no depende de haber pagado dinero extra por encima de la cuota, pero sí exige en general que se ponga dinero adicional para que lo adjudiquen luego de salir sorteado.

Todos los meses se licitan o se sortean uno o más vehículos entre los miembros del grupo mientras dure el plan y todos los miembros del grupo más temprano o más tarde recibirán su auto. Mientras no se adjudique el vehículo, el valor de la cuota es proporcional al valor del auto. Si el vehículo no fue adjudicado, el pago mensual tiene un componente de cuota pura (que paga una partecita del valor del vehículo) y otra parte que es gastos del plan e impuestos. Si el auto deja de fabricarse en la mitad de la duración del plan, es posible que cambien el modelo y suba de precio, con el consecuente aumento de la cuota. Si se deja de pagar la cuota del plan antes de que lo adjudiquen, tendremos la dificultad de no poder recuperar el dinero hasta que termine el plan. Si bien es posible venderle el plan a otro interesado, seguramente requiera darle un descuento importante, que representar una pérdida respecto del valor acumulado con las cuotas pagadas hasta ese momento.


A partir del momento que adjudican el vehículo, lo que falta pagar se organiza como un crédito prendario y se pagan cuotas que tienen un componente de capital (préstamo por el valor que falta pagar del auto) e intereses. Si se deja de pagar el crédito, se ejecuta. 


¿Tiene sentido un “plan de ahorro”?


Si pensamos el ahorro en términos de finanzas personales, obligarse a pagar cuotas que luego se convierten en un auto parece una forma de ahorrar. Mucha gente lo hace justamente porque no tiene disciplina para juntar dinero. Pero no hay nada que impida que en vez de pagar las cuotas a un administrador que se queda con una porción de ese dinero para pagar “gastos administrativos”, pongamos el 100% de lo que podemos pagar como cuota en un plazo fijo todos los meses y vayamos sumando la totalidad de nuestra capacidad de ahorro a medida que renovamos el plazo fijo, agregándole el valor de una nueva cuota que, en vez de pagarla a otro, nos la “auto-pagamos”. La clave está en aprender a tener dinero disponible sin tentarnos en gastar. La base de un plan de ahorro no está en comprometernos a pagarle a otro una cuota, si no en la disciplina de mantener la capacidad de no gastar ese dinero.


Además de no tener los “gastos administrativos”, podemos obtener intereses por el ahorro que vamos capitalizando por nuestros propios medios al recibir una tasa de interés por ahorrar e invertir.