¿Cómo funciona el alquiler?

Cuando decidimos dejar de vivir con nuestros padres, lo primero que tenemos que considerar es cuál es el impacto de ese cambio en nuestra economía. A pesar de que muchas veces, si la situación se complica, nos pueden volver a recibir, en general es un salto que hacemos con la idea de no volver atrás. Algunos buscan un amigo o una pareja o incluso algún hermano o hermana para convivir y abaratar la experiencia. Otros lo hacen solos. A veces es el resultado de mudarse a otra ciudad para estudiar en la universidad, otras porque la necesidad de independizarse es tan grande que no podemos esperar a tener nuestro propio espacio. Al mismo tiempo, puede que nos ayuden económicamente o que nos hagamos cargo del 100% del asunto. En cualquiera de los casos, es importante tener en cuenta algunas cuestiones fundamentales relacionadas a cómo encarar la búsqueda de un lugar dónde vivir, si la alternativa es alquilar siendo que no podemos acceder a otras opciones.

 

El precio de una vivienda tiene relación directa con la calidad de vida que nos brinda. Las ciudades tienden a organizarse en función a la proximidad de distintos centros: dónde están las oficinas públicas y las oficinas centrales de bancos y empresas u otros lugares de trabajo, las zonas de circulación turística y de influencia cultural o artística, las zonas residenciales, las comerciales, las industriales; los espacios verdes, la mayor afluencia y proximidad de transporte público y las estaciones centrales de trenes, las conexiones con puertos y/o aeropuertos, etc.


Las zonas residenciales se conectan con el resto de la ciudad con medios de transporte y la proximidad a los distintos lugares de la ciudad define el tiempo de viaje. Es entonces un factor clave para definir la calidad de vida: ¿Cuánto tiempo nos lleva y cuánto dinero nos cuesta ir al trabajo, a donde viven nuestros familiares y amigos, a los espacios de ocio o culturales?¿Tenemos cerca los lugares que frecuentamos? Además se suman variables como la seguridad, la calidad ambiental (proximidad con industrias que contaminen, disponibilidad de desagües y red cloacal), la infraestructura y los servicios (escuelas, hospitales, comisarías, alumbrado público, asfalto, señales de tránsito), entre otras variables que permiten determinar que algunas zonas sean más caras para vivir que otras. Y dentro de cada zona, la calidad del inmueble, si es luminoso o no, la calidad de los materiales de construcción, la antigüedad, entre otras variables, van configurando los precios de las propiedades.

Estos precios definen el valor del alquiler mensual. Cuando buscamos dónde vivir, vamos a ponderar todas esas variables para encarar la búsqueda, pero tenemos que tener en cuenta que el valor del alquiler si bien depende de un montón de variables en un mercado, tiene que estar dentro de lo que podemos pagar.


Eso implica presupuestar bien qué porcentaje de nuestro ingreso va a quedar comprometido de base con el principal componente de nuestro gasto una vez que llegamos a esta etapa de la vida. Cuanto más elevado el alquiler, menos resto nos queda para gastar en otras cosas. Eso exige un presupuesto equilibrado de nuestro estilo de vida y sustentable en el tiempo.


El alquiler no es algo que se puede hacer y deshacer. Es un contrato que firmamos, donde normalmente interviene una inmobiliaria para representar los intereses del dueño de la propiedad, aunque a veces se puede firmar directamente con el dueño. La inmobiliaria se encarga de conseguir un candidato solvente, es decir, que pueda demostrar estabilidad financiera para pagar el alquiler durante el tiempo que dura el contrato, que suele ser de 2 años. Por eso solicita antigüedad laboral y pide como comprobante de eso recibos de sueldo o certificados de ingresos. Pero además suele pedir un depósito en garantía para asegurarse que si el inquilino deja la propiedad y rompió algo, haya un dinero de donde cobrarse. El depósito que se solicita al firmar el contrato es equivalente a 1 o 2 meses, si no hubo daños ni nada que reclamar, se le devuelve.


Adicionalmente se le pide al inquilino que presente un garante: esto es, alguien que ponga una propiedad en garantía que, en caso de que el inquilino no pague el alquiler, se le pueda reclamar y si no queda otra que hacer un juicio, se pueda cobrar ejecutando la garantía a través de la venta forzosa de la propiedad del garante. Por eso no cualquiera sale de garante de alguien que no conoce y, muchas veces, se pide que sea familiar directo y que la propiedad en garantía sea de la misma ciudad. Algunos bancos comenzaron a ofrecer un servicio de garantía de alquileres.


Ahora bien, el alquiler no es el único gasto asociado a la vivienda. Tenemos que considerar que en los casos donde la propiedad esté en un edificio o un consorcio, hay una serie de costos que tienen que soportar entre todos los que viven en el lugar: el encargado, la luz de los pasillos, la seguridad, el ascensor, los arreglos del espacio compartido, entre otros. Todo eso se financia a través de la recaudación del pago de expensas entre todas las unidades, que recauda un administrador y se ocupa de gestionar esos gastos.
Además hay servicios básicos como luz y gas, otros adicionales como teléfono, cable e internet, y los impuestos como el ABL.


Mientras haya inflación los alquileres suelen tener pautas de aumento cada 6 meses, con lo cual es importante prever cómo va a impactar en nuestras finanzas esta situación para evitar comprometernos a un nivel de gastos que no podemos sostener.

 

Por último, es importante tener en cuenta que los contratos pueden deshacerse si las partes están de acuerdo. Y que cuando terminan pueden renovarse, también si las partes están de acuerdo. Pero si por algún motivo eso no sucede, las consecuencias suelen ser muy estresantes: tener que buscar un lugar nuevo para vivir, mudarse, etc.