¿Cómo gastamos?

Los gastos son la principal manera de definir un estilo de vida. Lo que comemos, lo que tomamos, los lugares a donde vamos para divertirnos o para educarnos, la forma en la que nos transportamos y cómo nos vestimos por nombrar algunos de los principales consumos, nos dan muchísima información no sólo de cómo nos gusta vivir, si no a qué le damos prioridad. Cuando organizamos nuestros gastos no siempre lo hacemos de forma meditada. Muchas veces heredamos costumbres de nuestro hogar familiar, adoptamos recomendaciones de gente que nos cae bien, imitamos a quienes nos parecen que tienen onda o simplemente seguimos lo que nos sugiere una publicidad. Otras veces simplemente tratamos de gastar lo menos posible. En algunos casos decidimos hacer un sacrificio y comprar la opción de mejor calidad. Pero estamos bastante lejos de ser organizados por naturaleza.

 

Esto tiene que ver con distintas cuestiones. La primera, que no siempre realizamos los mismos gastos todo el tiempo. Si bien tenemos un patrón de gastos que suele repetirse todos los meses en función de nuestros hábitos, con quién y donde vivimos, también hay otro montón de gastos que se presentan de forma extraordinaria. Pueden ser gastos deseados, como comprar una computadora o hacer un viaje, o pueden ser imprevistos, como la reparación del teléfono celular o tener que comprar un termotanque nuevo. La segunda cuestión tiene que ver con la subestimación que hacemos de los “gastos hormiga”, que es como llamamos a esos gastos cotidianos de poco monto que a lo largo del año suman una cantidad de dinero importante. Pueden ser desde golosinas, café o cigarrillos, hasta tomar taxis. Algo parecido pasa con el precio adicional que pagamos por no organizarnos para comprar más barato al por mayor o con descuento: esa diferencia comprando lo más caro por no caminar un poco más o por no esperar al día de la promoción en las compras semanales puede hacer un monto anual importante.


Gastar $ 20 por día en rubros evitables (o pagarlos de más) no parece mucho.
Gastar $ 140 por semana en rubros evitables (o pagarlos de más) tampoco parece mucho.
Gastar $ 600 por mes en rubros evitables (o pagarlos de más) quizás nos haga ruido.
Disponer de $ 7.200 a fin de año por administrarnos mejor dejando de gastar $ 20 por día (o pagando de menos) ya nos hace una diferencia importante.


La clave al momento de elegir en qué gastar, más allá de las necesidades que tenemos que cubrir o las ganas que tengamos de disfrutar, es entender que todas las decisiones las hacemos, de forma consciente o inconsciente, dentro de una restricción: no podemos gastar más de lo que ganamos.


Si pagamos nuestros gastos en efectivo o mediante débitos en la cuenta bancaria, no hay forma de que eso suceda. Pero si tenemos acceso a dinero que no viene de nuestros ingresos, puede suceder, como veremos más adelante.